Por la calidad de vida de las personas con discapacidad en situación de vulnerabilidad social

El Acompañamiento terapéutico durante el aislamiento obligatorio por pandemia

Trabajar sobre aspectos emocionales por el riesgo a contraer Covid19 y por el aislamiento; sobre el cuidado de la salud, la higiene personal y del entorno; los vínculos con las personas convivientes y la relación a distancia con los profesionales tratantes fueron los principales objetivos de los acompañamientos terapéuticos en época de pandemia. Buenos resultados para una intervención que, presencial o virtual, resultó esencial.

El período de aislamiento obligatorio que se extendió de marzo a octubre en el contexto de la pandemia por COVID-19 estuvo caracterizado por una necesidad intempestiva de adaptación. Requirió hacer uso de todos los recursos personales y esfuerzos para adecuarse a una situación que ponía en peligro la salud física y emocional, en medio del derrumbe de un modo de vida conocido, del temor y de la incertidumbre.

Los acompañamientos terapéuticos afianzaron su carácter de “esenciales” para hacer frente a la irrupción de la pandemia y también para ir afrontando las consecuencias que iba generando. Así, los organismos financiadores entendieron no solo la necesidad de continuar con las coberturas en la modalidad presencial o la novedosa virtualidad, sino que fueron aceptando flexibilizaciones como cambios de carga horaria y modalidades mixtas. Incluso, se produjo un aumento del 25 por ciento de demanda a lo largo de los meses. 

El mismo calificativo de “esencial” alcanzó a cada acompañante terapéutico (AT) que debió lograr un equilibrio entre los cuidados propios y las necesidades y cuidados de sus acompañadas y acompañados.

Hacia el fin del aislamiento y previo al inicio de la etapa de distanciamiento, Fundación Solar de Integración se propone evaluar la naturaleza, objetivos, estrategias y resultados de su servicio de Acompañamiento terapéutico durante la crisis que afecta al mundo entero.

Para eso, elaboró dos encuestas autoadministradas, una para la modalidad presencial y otra para la modalidad virtual, que circularon entre las y los cinco coordinadores de acompañamiento terapéutico y las y los AT.


Los datos de la encuesta

El universo de personas que recibieron acompañamiento terapéutico durante la pandemia está conformado en su mayor parte por jóvenes y adultos a partir de los 19 años, la mayoría de más de 40, residentes en el AMBA. Las tres cuartas partes viven en su casa, en compañía de familiares y solo un 25 por ciento viven solas.

Para la gran mayoría de los casos (55%), la cantidad de horas de acompañamiento se mantuvo tal como venía planificada antes de la pandemia. Hubo una leve reducción para algunos y algo más marcada en otros (14% entre tres y más de cinco horas menos). Pero también hubo aumento de entre 3 y más de 5 horas en una porción considerable (30%).

Según los requerimientos, los acompañamientos se llevan adelante con una o un AT o con equipos de hasta cinco. En general, la supervisión se realiza en grupos de whatsapp y mediante reuniones en plataforma virtual. En muchas situaciones (45%) fue muy necesario dar mayor apoyo al equipo. 

La demanda familiar se intensificó en muchos casos con, mayor participación durante la actividad, pedido de más actividades, más comunicaciones y control de las y los AT. Es interesante destacar que los distintos dispositivos que venían cubriendo las necesidades de las personas con discapacidad -centros de día, centros educativos terapéuticos, por ejemplo- no pudieron igualar de manera virtual la magnitud de la propuesta presencial que venían sosteniendo. Esto no se debió a su falta de adecuación sino a lo complejo y novedoso de la “nueva normalidad. Como consecuencia, generó en las familias, expectativas sobre los acompañamientos terapéuticos debido a que pudieron sostener la presencialidad o atender de manera individual, aunque fuera por llamadas o video llamadas, las necesidades de contención.

Se continuó con la modalidad presencial en todos los casos en que fue posible o necesario (55%). Para esto se tuvo en cuenta las características y voluntad de las personas acompañadas -estado de salud, necesidad de presencia física, lugar donde viven, opinión de la familia-  y de las y los AT. Para el resto, se adoptó la modalidad presencial con el aprendizaje, adaptación y flexibilidad que implicó comenzar a utilizar dispositivos y sistemas antes desconocidos, con la necesidad de apoyo que eso requirió y con el desafío de ir ganando autonomía tanto para las comunicaciones como para la realización de las actividades entre llamadas o videollamadas.  En una porción de casos (10%) se eligió una modalidad mixta –presencialidad y virtualidad- con objetivos específicos para cada una.

Los objetivos planteados tuvieron que ver tanto con la adecuación al modo de vida impuesto por la pandemia como a mejorar conductas históricas. En primer lugar, trabajar aspectos emocionales derivados del riesgo a contraer Covid19 y del aislamiento y también, cuestiones históricas relacionadas con las actividades de la vida diaria. En segundo lugar, aspectos prácticos de cuidado y prevención, por un lado, y cuidados de la salud sobre los que se venía trabajando por el otro. Fortalecer los lazos con los convivientes y con no convivientes fueron otra de las metas abordadas.

En porcentajes casi iguales, el logro de objetivos se considera de muy bueno a regular. 

Es interesante tener en cuenta las particularidades que apuntan quienes coordinan los acompañamientos, tales como: 

  • el obstáculo para el trabajo virtual para aquellas personas que no cuentan con dispositivos apropiados para sus necesidades (por ejemplo, baja audición); 
  • la reticencia a aceptar la situación global actual; 
  • la desconexión que generó para algunos el aislamiento social obligatorio;
  • las circunstancias individuales –esto incluye los vínculos con convivientes- de cada persona acompañada: 

También, las particularidades de tipo positivo:

  • la oportunidad que dio la virtualidad de generar cambios obligados en personas que tenían rutinas demasiado consolidadas; 
  • la oportunidad también de aprender a usar dispositivos con cierta autonomía.

Así y todo, la necesidad del contacto personal se fue imponiendo por sobre el temor al contagio y generó formas mixtas de acompañamiento, con carga horaria virtual y presencial.


El acompañamiento presencial

La permanencia de la familia en el hogar a tiempo completo puso en cuestión el tema de la intimidad durante el acompañamiento terapéutico. Sin embargo, la continuidad de los acompañamientos presenciales no alteró la preservación del espacio íntimo. Solo unos pocos (5%) señalaron que hubo intervenciones del entorno conviviente durante la actividad. Un poco más dudoso fue el mantenimiento encuadre, que en varias ocasiones (27%) no se logró.

La actividad se orientó en primer lugar a trabajar aspectos emocionales consecuentes de la pandemia y además cuestiones históricas relacionadas con la higiene y las actividades diarias. También a fortalecer lazos las personas convivientes y de manera más personalizada,  alimentación, provisión de alimentos, vínculo con profesionales tratantes, entre otros. En general, el abordaje de estas temáticas no implicó mayor trabajo de preparación de actividades por parte de las y los AT.

La tarea más convocantes es, en primer lugar, conversar. Luego, realizar actividades domésticas, recreativas y de estimulación cognitiva siempre durante el acompañamiento y en muy pocos casos, fuera de los encuentros.

El logro de los objetivos, así como lo evalúan quienes coordinan, oscila para las y los AT entre muy bueno, bueno y regular. Sus comentarios dan cuenta del alcance de metas que sin la intervención de los acompañantes no se habrían podido lograr: sostener el aislamiento sin ver a familiares muy cercanos, incorporar actividades a la rutina semanal, realizar caminatas. Sin embargo, también señalan algunos casos en los que, por cuestiones de salud, no se pudo seguir adelante para obtener los objetivos planteados.

Esta impresión no se puede corresponder con la opinión de las y los acompañados ya que en un alto porcentaje (72%) no se las y los involucró en su propia evaluación (en muchos casos por dificultades cognitivas de la persona). En cambio sí hay algunos registros de lo que opinan  las familias: agradecimiento, valoración, preocupación. 

El acompañamiento virtual

La modalidad virtual fue novedosa en todos los casos. Eso implicó superar resistencias, aprender o adecuar formas de comunicación y modificar algunas pautas antes impensadas como dar el teléfono personal a la persona acompañada.  También, aceptar que el entorno físico y humano se incorporara al acompañamiento sin que la presencia física de la o el AT generara algún tipo de inhibición o tuviera algún control.  

Si bien los porcentajes de respuestas en relación con la preservación de la intimidad se reparten de manera similar entre siempre-casi siempre y a veces-nunca, sus comentarios dan cuenta de que en algunos casos hay poco espacio en las viviendas, las conversaciones ajenas de algún modo se entrometieron y en ocasiones la familia estuvo presente o irrumpió e hizo intervenciones. En otros casos, la presencia de un apoyo para sostener la comunicación o favorecer la conectividad resultó necesario y de máxima utilidad. 

De manera análoga, se considera el tema de sostener el encuadre: la mitad opina que siempre o casi siempre se sostuvo y la otra mitad a veces-casi nunca. Las razones son de lo más variadas: distracción y deambulación del acompañado, mensajes fuera de horario, demandas de atención en momento de tensión y ansiedad, irrupción de los padres, no respeto de horarios, cambio de días y horarios a causa de la conectividad.

Por lo general, la comunicación se realizó por llamadas o video llamadas (en muy menor medida por mails) que exceden los 30 minutos. Si no ocurrió, se debió más al desorden de horarios o a la baja predisposición de la persona que a la conectividad. 

De hecho, la mayoría (82.4%) tiene conexión internet y solo una porción no tiene o no le funciona nunca (17,6%). De todos modos, los contactos se hicieron por teléfono celular propio o ajeno, y recién en segundo lugar por computadora o tablet. Solo en algunos casos se hizo uso del teléfono de línea.

El manejo de dispositivos generó un aprendizaje o relación más amigable en la mayoría de los casos. Ahora, las personas acompañadas se manejan bien -con autonomía (47%) o con apoyo (12%)–, o regular con apoyo (41%)-. 

El foco de la actividad estuvo en la toma de conciencia y el trabajo sobre normas de higiene personal y del espacio físico. También se destaca el fortalecimiento de la conexión remota con los profesionales tratantes. Contrariamente a lo que sucede con el acompañamiento presencial, la mitad de las y los AT (53%) señala que preparar las actividades les llevó más tiempo que antes de la pandemia (solo un porcentaje menor -18%- indicó que no necesitaron preparación previa). 

Igual que en los encuentros presenciales, la actividad más convocante fue rotundamente la conversación y junto a ella resolver actividades durante los contactos. Muy pocos señalan como convocante resolver actividades fuera del espacio de intercambio personal.

La evaluación de las y los AT sobre el alcance de los logros coincide con la de las y los coordinadores. En este caso, vuelven a resultar interesantes sus observaciones de tipo positivo u optimista: se pudo cumplir el sostenimiento de otras actividades, lo que no se logra se debe a la dificultad para concretar las comunicaciones, con presencialidad se alcanzarían mayores resultados. 

En este caso se observa más trabajo con las y los acompañados con la evaluación de sus logros, aunque esto sea a partir de observar interés, incentivo y autopercepción. También de comprobar negación a hablar de temas que implican modificar conductas y hábitos.

Conclusión

Los acompañamientos terapéuticos de Solar de Integración durante el período de aislamiento social por la pandemia por COVID-19 resultaron efectivamente esenciales. Más allá de la función que venían teniendo, se convirtieron en alternativa para las actividades fuera del hogar suspendidas, único sostén de quienes quedaron aislados de sus vínculos, vehículo para instalar y reforzar nuevas conductas de higiene y prevención, canal para encauzar dudas y temores, entre otras.

La nueva etapa de distanciamiento social tal vez no presente más certezas, pero seguro ofrecerá menos desafíos. De todos modos, seguirá siendo un terreno en el cual, el trabajo de las y los AT seguirá siendo esencial.