Por la calidad de vida de las personas con discapacidad en situación de vulnerabilidad social

El Servicio de Apoyo a la Integración Escolar durante la pandemia

El aislamiento social preventivo resultó especialmente disruptivo para las niñas, niños y adolescentes en situación de apoyo a la integración escolar. La conectividad a internet y el manejo de los recursos digitales se impusieron como posibles barreras a enfrentar. Sin embargo, otros fueron los aspectos de cada proceso que alcanzaron igual o mayor relevancia: el entorno, la creatividad, el canal de comunicación, entre otros. Pasados los primeros seis meses y ante la discusión sobre cuál será el lugar de lo remoto en la educación de ahora más, Fundación Solar de Integración se propone revisar y sacar conclusiones sobre la efectividad del Servicio de Apoyo a la Integración Escolar (SAIE) durante el Aislamiento Social Preventivo a partir de su universo de alumnas, alumnos, docentes, familias y escuelas.

El Apoyo a la Integración Escolar, que persigue objetivos pedagógicos con fuerte implicancia en lo social por la relación de las niñas, niños y adolescentes con sus pares, con sus docentes y con la escuela como institución de la comunidad, se vio especialmente resentido con el inicio de la pandemia y la imposibilidad de compartir el proceso de enseñanza aprendizaje en las aulas. La interrupción de las clases presenciales ha sido protectora por un lado, pero fuertemente disruptiva por el otro.

A los pocos días de instalado el Aislamiento Social Preventivo para hacer frente a la pandemia del COVID-19, la Agencia Nacional de Discapacidad resolvió que las personas con discapacidad seguirían manteniendo sus prestaciones básicas a distancia “a través de teletrabajo, telefonía o utilizando cualquier otro dispositivo técnico” (Resolución 69/20). En consonancia con lo determinado por el Ministerio de Educación de la Nación, anticipó que aquellas personas que no tuvieran dispositivos técnicos o servicio de internet domiciliario y que recibieran la prestación alimentaria recibirían material didáctico adecuado en formato papel.

Seis meses después resulta interesante empezar a indagar a cuántos NNyA alcanzaron las actividades de apoyo, cómo se desarrollaron, de qué modo se hicieron llegar los materiales a quienes no tienen conectividad y qué resultados se obtuvieron, entre otros posibles datos. Hay una percepción de cómo se llevaron adelante los procesos generada por la falta de contenidos, por los datos oficiales en relación con la cantidad de niñas y niños sin conectividad -al menos en la Ciudad de Buenos Aires-, por publicaciones en redes sociales, pero nada específico oficial que permita conocer el estado de situación para enfrentar el período que se aproxima con final incierto.

El equipo de Fundación Solar de Integración ha decidido obtener una imagen de la situación a partir de una encuesta interna que, si bien representa un universo, es apenas una muestra sesgada del trabajo en barrios de la Ciudad de Buenos Aires y el primer cordón del conurbano. Los datos no son solo interesantes, sino motivadores.

Primeros números

La encuesta se realizó de manera anónima, autoadministrada entre 27 docentes, cada una de la cuales tiene a cargo el apoyo a la integración escolar de una niña, un niño o un adolescente. La edad de las alumnas y los alumnos varía entre los 3 y 13 años, con mayoría entre 9 y 13 (33%); en segundo lugar, entre 6 y 9 (29%) y en tercero, entre 3 y 5 (25 %).

Un dato altamente relevante es quién es la figura de apoyo en el hogar: en un 95 % son las madres, esto sin que lo sean de manera exclusiva ya que en muchos casos los padres asumen o comparten la función y en menor grado algún otro miembro de la familia.

Las comunicaciones

La totalidad de los hogares cuentan con conectividad por medio de algún tipo de dispositivo: teléfono, computadora o tablet. Sin embargo, en un 66,7% de los casos la conectividad no siempre ha funcionado.

La frecuencia de comunicación varía según el tipo de actividades que se propongan: on line o consignas a desarrollar entre llamadas. En más de la mitad de los casos, se realizan 3 o 5 llamadas semanales (33,5% y 29,2% respectivamente). Las comunicaciones suelen durar más de 30 minutos (62,5%) y en un porcentaje menor (25%) entre 15 y 30. Solo en un pequeño porcentaje (12,5%) duran menos.

En general, a menos que haya una falla en la conexión a internet, la comunicación programada se realiza. Pero existen situaciones asociadas a la tarea y a las y los participantes que pueden hacerla peligrar o suspender. En orden de incidencia: dificultad de la alumna o alumno para sostener la actividad, desorden en el hogar, falta de apoyo de la familia y falta de colaboración, hartazgo u ocasionalmente sueño o enfermedad del alumno o alumna.

La tarea docente

El tiempo que lleva a las docentes preparar las actividades oscila entre 1 y 3 horas por semana (50%) pero en muchos casos las superan (37,5%). Las tareas consisten en: diálogo con la maestra de grado, adecuaciones y adaptaciones de la actividad, búsqueda y selección del material, presentación del material en video, en recursos de gamificación, en textos accesibles; organización de actividades, lecturas y juegos para realizar sincrónicamente por video llamada; preparación, impresión y traslado al hogar material en papel ante la falta de conectividad.

El recurso más convocante es la video llamada (87,5%), muy por encima de los videos explicativos y mucho más de los intercambios de mail, diapositivas con grabaciones, video pregrabados o mensajes y audios por whatsapp. Esto señala la importancia de la presencia del docente ya que compartir palabras, gestos, miradas, aun mediado por una pantalla, no puede ser sustituido.

A la tarea con la alumna o el alumno se suma el sostenimiento de su red. El 75% de las docentes mantuvieron reuniones con la familia y con los profesionales tratantes. En menor porcentaje, se reunieron con la docente de grado (50%) y con el equipo de orientación o directivo (25% en cada caso).

En su mayoría (70%) no compartieron actividades con la o el docente de aula. Esto se debió a distintas razones: fue una decisión estratégica por acuerdo previo con los profesionales del gabinete escolar o del equipo de orientación, quienes prefirieron que la niña o niño estuviera solo y recurriese a la docente de apoyo en caso de ser necesario; se privilegiaron los encuentros más personalizados con la docente y la niña o niño; no fueron autorizados por la escuela o por su supervisión; falló la conectividad; hubo una decisión familiar porque no se trataba de encuentros obligatorios; entre otros. En el otro extremo, un 8,3% de docentes participaron de manera regular en todas las clases. En la franja media, un 16% solo a veces.

La tarea se completa con la participación en las reuniones de coordinación –la totalidad valora positiva la intervención de las coordinadoras- y de capacitación interna, a la cual la de docentes asisten siempre o casi siempre.

Los resultados

Más del 90% de las respuestas valoraron como satisfactorio el logro de los objetivos planteados. Apenas menos pero rondando esa cifra consideran que las familias opinan de manera similar. Esta respuesta no desglosa los aspectos que trata una encuesta específica enviada a la familia sino que se consideran de manera global a partir de la interacción con familiares y su participación.

Conclusión

La encuesta revela que hay dos elementos ineludibles para el apoyo virtual a la integración escolar: la conectividad y la presencia de alguna persona en el hogar que apoye la tarea. El primero es una obviedad, pero recorta junto con otros factores el universo de niñas, niños y adolescentes que pueden acceder a la figura de docente de apoyo. El segundo, menos obvio, implica una serie de condiciones como organización, espacio y presencia, indispensables en el hogar, y también recorta el alcance de la prestación. Más aún, cuando se indaga sobre los motivos que pueden hacer fracasar una comunicación no son la falta de colaboración o el hartazgo de las niñas, niños o adolescentes sino contextos menos facilitadores.

En relación con la creación de condiciones favorables en el hogar, según esta encuesta, la responsabilidad recae casi 100% en figuras femeninas, lo cual coincide con investigaciones que señalan que el aislamiento social ha recargado de tareas a las mujeres en mayor medida que a los varones.

A partir de estos factores, conectividad y apoyo en el hogar, se puede pensar en objetivos, actividades y logros. Esto se completa, según la experiencia del grupo docente encuestado, con el trabajo de un equipo con coordinación y capacitación, en interacción con los distintos participantes de la red social de la alumna o el alumno: familia, profesionales tratantes, escuela.

Un dato revelador en momentos en que se debate sobre el alcance de la tecnología en educación y sobre el rol de la o el docente al frente de los procesos de enseñanza aprendizaje, es que la mayoría haya elegido la videollamada como el recurso más convocante. Esto pone de relieve que si bien lo virtual no puede equipararse con lo presencial, la posibilidad del encuentro con pares y docentes, aunque sea a través de una pantalla, resulta la herramienta más efectiva y funcional para sostener los vínculos y no perder contacto con el contexto escolar.